jueves, 26 de diciembre de 2013

¿Es madurez lo que siento? otro escrito del año 2002.



¿ES MADUREZ LO QUE SIENTO?

Por: Mónica Lucía Arcila R.

Abril del 2002



Tengo cien años. Mi rostro está tan arrugado como caminos en mi piel. Mi cabello está corto. Mis manos tienen  manchas y arrugas, tiemblan, tocan cada rincón de la casa antigua donde vivo, y claro, acaricio el rostro también arrugado de mi adorado marido. El tiene noventa y cinco años y sufre de artritis. Es mi compañero de siempre. Nos casamos hace sesenta años y la felicidad ha sido duradera.  



Todo comenzó cuando nos conocimos por mera casualidad en un parque de la ciudad de Nueva York en el año 1930. Las palomas revoloteaban por los alrededores y ambos les dimos semillas y comida,  pero sin percatarnos de la misma actitud que teníamos hacia estas. En un momento encantado, tropezamos el uno con el otro y fue amor a primera vista. Mis alas de la juventud supieron en ese instante, que sería mi compañero por siempre hasta la vejez. Algo en su mirada me decía que era sincero y caballero. Desde aquel momento comenzamos a conocernos, nos presentamos y desde ahí surgió un bellísimo romance. Su nombre era Santiago. Ambos éramos solteros y estudiábamos para ser médicos. Pasó el tiempo y nos graduamos de médicos. A propósito, mi nombre es Carolina,  me especialicé en Pediatría y Santiago en Ortopedia. Decidimos casarnos y tuvimos cuatrillizos: Pedro, Amalia, Darío y Rocío. Todos muy inteligentes crecieron en un ambiente muy familiar, pero independiente. Todos al cumplir los 18 años se fueron a vivir a otros países e hicieron sus vidas. Nos comunicábamos por correo, teléfono y a veces alguna visita. 


El tiempo fue corriendo y ya con nuestra edad avanzada, no podemos mantenernos en pie. Una enfermera nos cuida hoy en día y nuestra memoria gracias a Dios es prodigiosa. He contado  con una vida afortunada, sí, reconozco que estoy sentada en una silla de ruedas  porque mi cuerpo no se soporta solo. Santiago, como dije anteriormente sufre de una artritis insoportable.


Una mañana de verano, cuando amanecía, estábamos dormidos en la cama y la enfermera fue a darnos el desayuno. Esa mañana no despertamos. Nuestras  almas se elevaron y descansamos en paz. Nuestros cuerpos fueron cremados y nuestros hijos lloraron la triste despedida, pero fuertes, reconocieron que era tiempo de que nos fuéramos al cielo.Tantos años de vida y existencia nos enseñaron a tolerarnos y a amarnos como felices éramos. Los secretos de la eterna juventud y de longevidad eran: Dormir bien, estudiar, leer, no tomar licor en exceso, vivir felices y sin preocupaciones, estar tranquilos hasta lo posible, amar y querer profundamente, ser apasionados y creer en Dios (ese ser supremo que nos dio la vida a través de nuestros padres, que nos aman y nos dan fortaleza). Cuando nos dirigíamos hacia el cielo: una paloma se acercó y nos besó.

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Caligrafía Mónica Arcila Restrepo

Caligrafía Mónica Arcila Restrepo
Letras hechas con una regla y marcadores